Cuando solemos escribir, procuramos conocer de lo que se escribe. En este caso me toca deleitarme de un artista conocido y de una obra por conocer. Alfonso Bonilla (Bogotá, Colombia) nos presenta en esta entrega una esencia de imágenes frías, tan frías como lo que el ojo de la cámara y nuestras pupilas han captado una vez se han posado allí.
Conocí el Hudson en los años 80s, precisamente en un invierno aterrador y de cualidades indolentes. Fue un recibimiento hostil e imprudente para un caribeño que solo se había abrigado de calor toda su vida. Recuerdo aquella mirada fría, fue como un repaso ajeno, pues mis visiones me llevaron hacia aquel paraíso que ese día cambiaba por un gris demoledor y ajeno.
Las imágenes de Bonilla, no pudieron captar mejor todas esas sensaciones vividas años atrás. El espejismo que evocan estas imágenes son las miradas de millones de inmigrantes que en contra de su voluntad han llegado hasta esta orilla y desde aquí contemplar impasibles estas vibraciones que Alfonso logra captar cual fusión de nuestra mirada, mente y pensamientos. Unas nostalgias que se transforman en colores ajenos a la realidad presente.
¿Un verde en la nevera? ¿un púrpura en el infierno? ¿un azul en los polos? son atrevimientos audaces de un artista que rescata ese poco de voluntad que nos va quedando ante las moles imponentes de cemento que se vislumbran difusas en el horizonte. Todos sabemos que nuestra misión es conquistarlas sin otras opciones. La derrota es el retorno y muchos logran conquistar sus ambiciones.
Sullenberger, reconoció estos empeños y agradeció al Hudson su presencia allí, cuando en el 2009 acuatizó allí junto a sus 150 afortunados pasajeros. La visión de Henry Hudson en 1609 o la de Verrazano en 1524 ni la de Esteban Gómez en el siglo XVI, fueron muy distintas a la de la mañana del 11 de Septiembre del 2000, cuando desde esta misma orilla la ciudad parecía arder en un infierno infinito.
La ciudad fantasma se desdobla en las imágenes que Bonilla nos presenta. Quien logra mezclar el pasado, presente- futuro como nadie hubiese imaginado jamas. Se sueña, se cae, se levanta!…se mantiene el sueño y se vuelve a soñar y allí, se siguen levantando las moles de esperanzas que Bonilla saca a pasear, como Henry, Verrazano y Gómez anhelaron un día, atrás….bien atrás.
Maximo Caminero
Miami, julio de 2019.
Que buena descripción de tan hermosa obra, te felicito hermano mío, vuelas como águila para lograr tus metas, eres bendecido con ese fin tan maravilloso y nos deleitas cada día más con tus obras